El frigorífico

75 minutos
Para un actor y
un actor maniquí

Personaje:
Zeuxis
y los fantasmas de su mente:

Máscara 1, su psicoanalista
Máscara ll, su viuda
Máscara lll, su banquero
Máscara lV, su competidor
Máscara V, su amigo militar
Máscara VI, su amigo de cabaré
Máscara VII, su padre
Máscara VIII, su abogado
Máscara IX, su confesor

FRAGMENTO

Oímos en la oscuridad Variaciones para una puerta y un suspiro, de Pierre Henry. Luego una luz cenital ilumina un bulto humano en forma de huevo cubierto con una fina corteza de gelatina o plástico. Enseguida brota una voz de mujer interpretando Ha venido, de Luigi Nono, y el individuo desnudo en el interior del huevo, entre jadeos, con dificultad de articular palabras, se despereza y pugna con brazos y piernas por romper el cascarón, hasta que lo consigue. Sumido en la perplejidad, se arranca a manotazos la venda que cubre su cabeza y parte del rostro, palpándose, como descubriendo su propio cuerpo, mientras logra repetir, de forma obsesa, casi ininteligible; "sólo recuerdo que me llamo Zeuxis". Su propio nombre lo sobrecoge y le impulsa a saltar hacia atrás y desplazarse a gatas, hasta darse de bruces con el frigorífico, cuyo resplandor provoca en él una nueva reacción de huida. En el fondo de la estancia, en cuclillas, bamboleándose, con la respiración entrecortada, inicia el proceso de recuperar su propia identidad, con una lumbre de lúcida locura chispeando en sus ojos de resucitado.


ZEUXIS: Sólo recuerdo que me llamo Zeuxis... Y por mi nombre deduzco que procederé del mar Egeo, del Jónico o del Polo Norte... Qué más da. No voy a liarme ahora con la geografía... (Pausa.) ¡Uf! Qué lugar tan extraño... Sólo diviso una nave atestada de frigoríficos, con fardos de periódicos y una maleta al lado... ¡Parece un cementerio de neveras!... ¿Qué clase de individuos dormirá en su interior? (Observa fijamente al público; después señala con la mano su frigorífico.) Es mi casa... Ya sé que es un hogar frío, idóneo para pescar una pulmonía... (Pausa.) Pero es evidente que aquí vivo, duermo, sueño... ¡Oh, sí! Duermo mucho, y paso horas, años y... (Lúcido.) ¿siglos? (De pie.) ¡Siglos!... (Pausa.) ¡Je, je! Qué absurdo. (Voz entre doliente y nostálgica.) Caballeros, les presento mi hogar, sin calor negro, sin alfombras, ni lámparas, ni muebles de estilo, sin vídeo, ni bibliotecas, y sin un Picasso... (Pausa. Interiorizando.) Este es mi hogar, la choza más glacial del universo, y precisamente yo, Zeuxis, ¿Zeuxis? (Se refugia bajo un paraguas.) Claro que ustedes dirán... ¿Quién es este tipejo desnudo que tiene por morada un frigorífico y se planta ante nosotros bajo un paraguas?... (Sonríe artificialmente.) ¡Ejem! Es para protegerme de los rayos... (Expresión ida.) ultravioletas. ¡Ejem! (Cierra el paraguas y endurece su expresión.) Una advertencia, absténganse de juicios gratuitos, den la ocasión a... ¿Zeuxis?

(Se arroja con violencia sobre la maleta, la abre y extrae cartas, legajos, documentos públicos. De inmediato se oye muy bajito a un vendedor de prensa vocear su mercancía. Es una voz aguda, adolescente.)

VENDEDOR: (Su voz.) Últimas noticias. Uno de los amos del mundo deja el mundo. Lean la prensa. Ha fallecido el naviero Zeuxis. noticias. Uno de los amos del mundo...

(Penumbra. Brota el ritmo de cabaré. Zeuxis luce en el rostro la máscara de su amigo del Music-Hall, mientras se ilumina el maniquí-Zeuxis.)

MÁSCARA VI: ¡Eh, Zeuxis! Qué época... Ni Julio Verne la hubiera intuido. (Crece su admiración, mientras se desplaza a lo largo del proscenio.) ¡Es una fantasía urbana! Los ciudadanos vuelan bajo las nubes en dirección a sus trabajos... Qué maravilla... Y no se ven semáforos, ni policías, ni ruidos, ni gases... ¡Hum! Qué delicia de atmósfera. Cómo se respira... ¿Sabes? Los automóviles circulan con energía solar... ¡Caramba! Las aceras están cubiertas de césped y se ven oleadas de nudistas por las calzadas... ¡Ah, pillines! Se lo pasarán pipa... (Su voz amanerada cobra un matiz confidencial.) Zeuxis, esa gente parece instalada en Las mil y una noches de la tecnología... ¡Córcholis! Parece que ya no es necesario crear la infelicidad ajena para conquistar la realización personal... ¡Inaudito! Van por la vida silbando, se besan, intercambian flores... ¡Oh, Zeuxis! Desde luego no son una manada de animales neuróticos. ¿Les gustará el Music-Hall? Llamaré su atención.

(Da unos pasos de baile, jugueta con el bastón y de forma paulatina se apaga su foco. Después, con luz, aparece un Zeuxis ensimismado.)

ZEUXIS-. Recurrí a la hibernación... (Observa al público.) ¿Y qué? Era mi única vía de escape... la ciencia evoluciona y... (Pensativo. Para sí.) Por lo visto abrí los ojos en el momento que... ¡Yuuupi! (Da saltos mortales.) Y el hombre se convierte en Dios... Resucita a los muertos... Cura a los desahuciados... Pone vida en donde sólo había carne congelada... (Se oyen acordes triunfales, quizá fragmentos de La creación, de Haydn. Y Zeuxis, majestuoso, abre la puerta del frigorífico, del cual salen borbotones de un humo onírico. Seguidamente, con el brazo extendido, exclama:) Zeuxis, sal del frigorífico, la ciencia te lo manda, ¡sal!, eres libre. Ya puedes andar por el mundo para engrandecerlo o envilecerlo. Los hijos de Darwin y Einstein han triunfado. (Ríe, convulsivo.) Ja. Ja. Ja. Estoy vivo. Más vivo y coleando que un pez en el océano. Ja. Ja. Ja. (Cede su hilaridad.) Y pensar que antaño... bastaba un tumorcito para... (Cierra la puerta del frigorífico.) ¡Puf! Era un período cavernícola... (Pausa.) Y yo... desearía, si me lo permiten, alojarme bajo este techo... Y volveré a la abundancia... ¡Eh! La tarta de la economía, ¿no la dividirán ustedes en partes iguales? ¡Oh! Es urgente saberlo... ¡Dígamelo! (Alza el puño, estudia al público y, lentamente, su brazo se desploma.) ¡Los periódicos! (Se arroja salvajemente sobre el revoltijo de periódicos y lee de forma ininteligible.) ¡Nada! (Estruja otro.) ¡Dios! (Coge el amasijo de periódicos y los exhibe ante el público.) Aquí... aquí hay un texto que no sé descifrar... (Por los altavoces se oye un runrún de lenguas extrañas.) ¿Qué es eso? ¿Qué dicen? ¿Por qué me avasallan con idiomas que desconozco? Yo sólo busco el diálogo... (Arroja los diarios con ímpetu.) Que... Que... (Enjuga el sudor de la sien.) Tengo calor. ¡Sudo! Ja. Ja. Yo... Ja. Ja. Sudo... Es genial. ¡Ah! Ja, ja... (Varía gradualmente de expresión.) ¿Y si todo fuera una quimera? ¿Y si esta época me hiciera un hueco? Quizá hay estatuas de mármol por las avenidas y un busto mío engalana los más líricos parques y las más doctas instituciones... (Frota la sien con el brazo.) ¿Quién... escribiría esas porquerías en el libro de mi vida?... (Pausa.) Me da congoja... pertenecer a una civilización que desconozco.

VENDEDOR: (Su voz.) Últimas noticias. Uno de los amos del mundo deja el mundo. Lean la prensa. Ha fallecido el naviero Zeuxis, noticias. Uno de los amos del mundo...