El virtuoso de Times Square
Monólogo en un acto
60 minutos

Fragmento

El espacio escénico gozará de un aire de libertad a fin de visualizar con el soporte del lenguaje de la luz la incursión del personaje por el asfalto neoyorquino.
Un silencio. Brilla un sol de escenario tras otro.

REYNALDO COSSA.- ¿Me creen? Fue como caer de picado en el agujero negro de una pesadilla... (Pausa.) Cómo intuir que en la urbe de las artes... (Pausa.) Ya me lo decía mi mamacita, la maestra, allá en el Caribe... (Brota un ritmo caribeño.) Baila, mi hijo, baila... (Lo hace.) Que no se te lleve la melancolía... Mira qué luz de mar brilla en el pueblito... Baila, mi hijo, baila... Y no te salgas de esta luz... ¿Qué será de ti cuando aparezcas en el censo de mendigos neoyorquinos? No me friegues la moral, mamá, New York sólo hay uno, tocaré el saxo, mostraré mis lienzos, editaré mis canciones... Eres un soñador, Reynaldo, vas de Andy Warhol... ¿Y por qué, no, mi vieja? (Sonríe.) Hoy ilustre público, en Moma, Reynaldo Cossa Sistem, gran retrospectiva... Reynaldito, ¿Acaso olvidas que New York tiene algo de pájaro quebrantasueños? Qué cosas platican las madres... (Suspira.) De eso hace un montón de años... Llegué de ilegal y fui por los cafés del Village vendiendo mis canciones..., amigos, anímense, lean el poema del día... inviertan en la lectura, desgrava... Y una mañana, ésta, el pinche destino en su agenda me reservaba... (Voz grave.) Esto es un atraco, siga andando... (Pausa.) ¡No podía creerlo! ¿No me oyó? ¿Cómo dice? Sonría, esto es un atraco... ¿En plena Quinta Avenida? No reflexione, esto es un atraco. ¿Al mediodía? ¿En el corazón de Manhattan? No divague, esto es un atraco... (Pausa.) ¿Seguro que esto es un asalto? ¿Quiere un notario para que levante acta del mismo, señor...? Reynaldo Cossa, para servirle.(Pausa.) ¿Seguro que es su verdadero nombre? Y usted, ¿no cree que está corriendo un gran riesgo? ¿Por ejemplo? No sé... Podría empezar a gritar... Hay tanto vértigo en la Quinta Avenida... Pruebe. ¿Me permite? Pruebe. Lo haré. (Pausa.) Usted, usted mismo, señor transeúnte, ¿Sabe? Me están atracando... (Pausa.) Thanks very much! (Pausa.) Señora, deténgase un momento, me roban... (Pausa.) Oh, Thanks very much! ¡He dicho que me están atracando! Thanks very much! (Pausa.) Lastima sus cuerdas vocales... Carajo, ahogue sus gritos y déjese llevar por esa brisa del río Hudson que invita a pasear... (Pausa.) ¿Y ese otro vagabundo qué diablos hace? Ya lo ve. Pesca... ¿En plena vía pública? Hay un dólar en el foso de la alcantarilla... ¡Pescando! Es un dorado día para pescar. ¿Quieren algo? No. Es que aquí el señor acaba de asaltarme. ¡Silencio! Que el dólar es un gran pez que se puede escabullir... ¡Feliz pesca, caballero! (Pausa) Déjese de saluditos, obedezca a Chino Valdés y camine. (Pausa.) Obedecí y al momento... (Ademán de recoger un teléfono celular que le ofrece un viandante.) Por favor, señor, háblele usted, sáquela de su error. ¿Hablar?, ¿sacar de su error? No se meta dónde no le llaman, Reynaldo Cossa... Por favor, dígale a ella que estoy con ustedes. ¿A ella? Dígaselo. Está... está conmigo. ¡Cómo!, ¿qué quién soy yo?, pues... Dígale que no estoy con otra. ¡No está con otra! Dígale que ella es la flor de mis sueños. Es la orquídea de su mejor sueño... ¡Le dije la flor! La orquídea es mi flor... Sí, pero usted no habla con su mujer, sino con la mía... ¿No me deja oír! Perdón, disculpe... ¡Eh!, ¿qué con quién habla?, señor Cossa, a sus pies... ¿Qué lo de la orquídea sonó bien? (Gesto de vanidad.) Dígale que no voy con la Peggy en yate por el Caribe. No, no va por ahí, morreándose con la Peggy... ¡Por ahí, no! ¿No? Debe decir: no va con la Peggy en yate por el Caribe. ¡Mande al carajo ese teléfono, Reynaldo Cossa! No va por el Caribe en yate... ¡No, no, no!, a ella le importa carajos si voy por el Caribe en yate o en patín, ¿entiende? ¡No me grite! A ella lo que la pone de los nervios es si voy con la Peggy, ¿está claro? Señora, la Peggy es una sombra sexi de sus celos. No, no, está tergiversando mis palabras. ¿Lo ve, Reynaldo Cossa?, usted arrima el hombro y el tipo lo injuria, mándelo a comer viento. Calma, Chino. Me juego el divorcio, por favor, dígale: él-no-va-con-la-Peggy-en-yate-por-el-Caribe. ¡Huy, huy, qué aullidos!, eh, eh, señora, no me machaque los tímpanos... ¡Oh, Dios, ella debe estar en el límite milimétrico de su histeria! ¡Reynaldo Cossa, corte ya! Si está al límite hay que sintetizar, ¿no? Sintetice, pero no invente. Señora, él, la Peggy, el yate y el Caribe, es una abstracción, ¡nada que ver! Oh, ahora le habla en clave de crucigrama. ¡Silencio!, diga, diga... ¿qué cómo sé que él y la Peggy no...? (Ojos en blanco.) ¡Carajo!, por que voy con ustedes por Lexington Street... ¡Eh, ¿tapadera de quién?, señora, yo no soy tapadera de nadie... Reynaldo, ahora es ella la que le pone a parir, ¡arroje el teléfono a una papelera! (Pausa.) Sigamos paseando. ¿Sabe? Desde que nos... encontramos, percibí que usted, Chino, es un utopista urbano... ¿Yo? Me dije: Reynaldo Cossa, cuando un soñador de Manhattan no puede revolucionar el minuto que fluye, transforma el bolsillo ajeno... ¿Pensó eso de mí? Me dije: cámbiale el revólver por un arma de la conciencia y tendrás a tu lado un tipo solidario... Lo dice de una forma... Se metió usted en mi vida, le tomé afecto... (Bosteza.) ¿Se cae de sueño, eh? Sí. Pues... (Se sienta en el arca a modo de banco de parque.) Tiéndase en el banco, apoye su cabeza en mi regazo y descabece un sueño... (Obedeciendo.) No sabe cómo se lo agradezco... Ahora le gustaría oír una canción... (Con los párpados echados.) Es cierto, usted se mueve por la trastienda del alma como nadie... ¿Qué le gusta del jazz? ¿Tal vez el Duque? ¿Duque Ellington? Es mi debilidad.. (Canturrea y homenajea a su manera a Ellington.) ¿Qué tal? Qué voz, Chino, qué voz. (Suspira de placer.) No deje de cantar, por favor, no deje... (Su asaltante obedece y, más tarde, calla de sopetón.) ¡Ya está bien! (Incorporándose.) ¿Ocurre algo? Ocurre que no soy su niñera... Creí que me acunaba un ángel suburbial de Harlem... Esa música y una voz tan dulce y... (Agresivo.) Yo soy... Recuérdelo, sólo deseo tenderle mi mano... (Humanizándose.) Nunca me enseñaron a estrechar una mano amiga... ¿Eso es cierto, Chino Valdés? Como la vida misma, Reynaldo Cossa? Pues... vea... (Titubea y extiende su mano.) ¿Qué demonios hace? Le ofrezco mi mano... Si la estrechara... Animo... Perdería... No perdería nada. Lastimaría mi prestigio. Es una incongruencia... ¿Sabe cuánto tiempo me costó hacerme un nombre, aquí, en el mero Manhattan ¿Usted? ¿Un nombre? Me está subestimando, amigo... Ofrecía mi mano. Olvida que está ante el Virtuoso... Sí, claro... Esta plática tocó techo. Es usted, Chino, un contertulio tan poco común... ¿No me diga que le da nostalgia la separación? Disculpe... Van a dar las cuatro de la mañana... Yo... no me despediría tan pronto... Pues yo sí... (Pausa.) Llegó la hora de consumar el atraco... Deme todo lo que lleve encima... ¿Todo? Hasta el último centavo... Es que... No me titubeé, le eché el ojo en Wall Street, le vi a través de las cristaleras de un banco, en la ventanilla de sacar fondos... y le vi salir con los bolsillos bien repletos... igual que los tiene ahorita... ¡A reventar! Verá, yo... ¿Quiere sentir la mala uva de mi revólver? Es que... ¡Todo! Tome ¿Qué es esto? Pues todo. ¿Todo? Es un novísimo billete de dólar. (Suspira.) Estoy en crisis... Fui al banco y saqué el último dólar de mi cuenta... Y respecto a los bolsillos... están repletos de... poemas minimalistas... (Pausa.) Vea, vea, cuántos hay... no me caben en las manos, poemas, sólo poemas... ¡Ejem! No sé hacer otra cosa, Chino... Iba desesperado, pensé en exiliarme de esta gran bola que viaja a toda madre por el cosmos..., ¡pensé en todo! Luego surgió usted... ¡En fin! ¿Quiere que le lea lo último que alumbré? ¿Tal vez La loca de Washington Square?

(De forma gradual, declinan luces y se emborrona la escena, mientras canta.)

Canción de La loca de Washington Square.

Una muchacha de ojos alunados/ hace jogging/ por la linde azul de un sueño,/ y una ambulancia,/ ojos de pulpo afarolado,/ la acosa a lo lejos./ Dejadla,/ es la loca de Washington Square,/ con sueter negro/ y medias de Arlequín./ ¿No la veis corretear/ bajo guiños publicitarios?/ Olvidarla./ Es una luna transeúnte/ paseando su utopía/ en un viaje sin retorno./ Vagabundos de color/ la miran sin verla/. Es la sílfide fugaz/ de un Harlem blanco/ que no cotiza en Bolsa/. Dejadla./ Auriculares/ pegados a las orejas/ mecen su extravío/ con violines de ordenador./ "Me voy a suicidar",/ thanks very much!,/ contesta un viandante/ de la urgencia/ con esmoquin de humo./ Viaja con su sombra/ y relumbra/ como un sol de noche,/ la paloma sin alas/ de Washington Square.

Oscuridad final