La ira y el éxtasis
Fragmento

Dos actos
para dos actores
y maniquíes
1 hora y 45 minutos

Personajes
Eulalio
Rosa Mayo

(Suave canto coral. Un pertinaz reflector sorprende a Eulalio, embutido en su traje gris marengo y con el sombrero hongo en la mano. Pulsa el timbre de una puerta.)

ROSA MAYO: (Su voz.) ¿Quién llama?
EULALIO: Yo.
ROSA MAYO: ¿Y quién diablos es yo?
EULALIO: Soy el admirador numero uno.
ROSA MAYO: (Saliendo en bata, pálida, decrépita.) ¿Admirador de quién?
EULALIO: De quién va a ser. ¡De Rosa Mayo!
ROSA MAYO: La Mayo ha muerto.
EULALIO: ¡Dios mío!
ROSA MAYO: Ahora, Ahueque el ala.
EULALIO: ¿yo?
ROSA MAYO: (Mordaz.) Usted.
EULALIO: (Mirando el clavel.) Venía a traerle un clavel rojo.
ROSA MAYO: (Abriendo la puerta que cerró.) ¿Un clavel rojo? ¿Habla en serio? No creo que aún queden hombres ofreciendo un clavel rojo por las puertas.
EULALIO: (Exhibiéndolo.) ¿Es o no es un clavel?
ROSA MAYO: Usted. vendrá a engatusar, a robar, a violar., pero no a traer un clavel.
EULALIO: Yo, yo sólo traigo una flor a Rosa Mayo. (Enjuga una lágrima.)
ROSA MAYO: ¿Una flor a Rosa Mayo?
EULALIO: ¡Ajá!
ROSA MAYO: Mejor debió traerle una corona mortuoria.
EULALIO: No puedo creer lo que dice.
ROSA MAYO: ¿Quién es usted?
EULALIO: ¿Es cierto que Rosa Mayo ha muerto?
ROSA MAYO: ¡Eso quisieran! Pero Rosa Mayo vive. ¿Se entera? ¿Se entera, repartidor anónimo de claveles? ¡Vive!
EULALIO: ¿De veras? ¡Oh, es maravilloso! Vive. Fabuloso. Ja. Ja. Ja. Rosa... vive. Ja. Ja. Ja.
(Da vueltas jubilosas.) ¡Vive! ¡Yuuupi! Ja. Ja. (Canturrea un aria de La Bohème. Después, ruborizado, Eulalio se paraliza.) Disculpe, disculpe, pero no pude dominar mi alegría. (Recoge el sombrerito que arrojara por los aires.) ¿Dónde está? Sí. ¿Dónde está Rosa Mayo?
ROSA MAYO: ¿Dónde está?
EULALIO: ¡Ajá!
ROSA MAYO: ¿Es que nació sin ojos, mentecato?
EULALIO: ¡Usted! ¿Ustedd.? (Retrocede, espantado.) ¿Pero, pero, qué dice? ¡Menuda broma! (Observándola con ansiedad.) No. Usted, no puede ser. Rosa. ¡Oh, si lo sabré yo!
ROSA MAYO: ¿Ah, no?
EULALIO: No. (Pausa.) Ella es otra cosa. (Pausa.) Ella tenía unos ojos que eran auténticos faros. (Pausa.) Mire, señora, yo tengo un baúl repleto de poemas a sus ojos color mar, ¿entiende? Así que no venga con bromas. (Pausa.) ¡Adiós! (No se mueve.) Y en cuanto a su pelo... ¿Usted vio un campo de trigo a la luz de las estrellas? Pues eso, eso era el pelo de la bella Rosa. ¡Adiós! (No se mueve.) ¿Y su cuerpo? La gracia de su cuerpo era comparable al encanto de un cisne. (Pausa.) Así que déjese de cuentos chinos y... (Pausa.) ¿Y su voz? ¿Quiere saber cómo era su voz? Su timbre en la octava final era único. Fue cabecera de cartel con los más grandes tenores y bajos. Nadie la superó en el papel de Liza en La dama de picos. ¿Y qué me dice de su Desdémona? ¿ Y de su Mimí? (Pausa.) Si lo sabré yo. (Pausa.) Usted es Rosa Mayo. (Cadavérico.) Usted es... Rosa Mayo.
ROSA MAYO: ¿No será usted reportero de la revista...? No. ¿Posiblemente un corresponsal de The...?
EULALIO: Yo soy Eulalio. Eso es. Eulalio.
ROSA MAYO: Si le envían de una revista del corazón en busca de chismes, mi vida privada no está a la venta.
EULALIO: Soy un jubilado funcionario de ferrocarriles.
ROSA MAYO: ¿Funcionario de ferrocarriles? ¿Y qué tiene que ver eso con...?
EULALIO: No fue exactamente la aspiración de mi vida. (Pausa.) Nadie puede abrir los ojos al mundo con esa idea. (Pausa.) Yo también fui cantante, un cover, ya sabe, siempre a punto para sustituir a un gran nombre por si le ocurría algo. En fin. (Suspira.) No tenía alma de suplente, usted lo entiende, me contrataban para no cantar, siempre a la sombra, y mi sueño era pisar un escenario. (Suspira.) Y como me gustaban los trenes, decidí ser jefe de estación aunque fuera destinado a una aldea. (Pausa.) ¿Imagina? Ver surgir a la hilera de vagones con su locomotora en cabeza, silbando como una nave espacial. Y luego, y luego yo, con uniforme y gorra roja, banderita en alto, dándole salida a ese corcel de hierro, que ruge y corre como un...
ROSA MAYO: ¡Un cover! No un periodista.
EULALIO: Yo aspiraba a cantar a su lado, aunque fuera como artista invitado. (Suspira.) Una utopía, ya ve. (Pausa.) De modo que en sueños formaba cabecera de cartel con la Mayo y... Qué más da. (Pausa.) ¿Me cree? Yo era quien más aplaudía cuando surgía usted en un escenario real. (Pausa.)
ROSA MAYO: ¡Fuera de aquí!
EULALIO: ¿No recuerda al joven de las margaritas que casi siempre era apaleado por sus gorilas?
ROSA MAYO: Está agotando mis nervios.
EULALIO: Le escribía cartas de amor... Incluso le ponía conferencias a todos los grandes teatros líricos que deslumbraba con su voz. ¡Me gasté mis ahorros!
ROSA MAYO: ¿Quiere decirme de qué jaula psiquiátrica se escapó? ¿Quiere decírmelo?
EULALIO: Un día, un día le compuse un poema donde la llamada flor del proscenio y yo me bauticé galán de noche. ¿De veras no leyó esos versos?
ROSA MAYO: Adiós.
EULALIO: ¡Aguarde! (Pausa.) Y ese madrigal que cantaba: Pantomímico amor irrenunciable.
ROSA MAYO: Adiós.
EULALIO: ¡Espere! Recordará al menos aquel verso suelto: Entre un sueño de violonchelos un hombre del ferrocarril halló a su Dulcinea.

(A Eulalio se le enreda la lengua y se dirige a la puerta; Rosa Mayo palidece, corre hacia él, obligándolo a girarse.)

ROSA MAYO: ¡Usted!

(Eulalio, cabizbajo, asiente con el mentón.)

ROSA MAYO: ¿Usted? (Pausa.) ¿Es usted? (Confundida.) ¿Por qué no me dijo que era usted?

(Eulalio se encoge de hombros.)

ROSA MAYO: ¡El testarudo de las margaritas!
EULALIO: Eran las flores más económicas. Pero eso sí. La florista me vendía las más lozanas y fragantes. (Pausa.) ¿Y qué me dice de los claveles rojos? ¿Eh? Me costaba cada clavel a...
ROSA MAYO: El fanático del clavel rojo.
EULALIO: ¿Y de las cartas, eh? Algunas volaban con inspiración al buzón de correos.
ROSA MAYO: El caballero de las epístolas.
EULALIO: (Ronco.) Aún está bonita.

(Rosa Mayo esboza un gesto de autocompasión.)

EULALIO: Ahora es una flor.
ROSA MAYO: Ya no soy una flor.
EULALIO: ¿Cómo le diría? Es la flor de la experiencia. Y brilla de una manera.
ROSA MAYO: Rosa Mayo dejó de brillar.
EULALIO: Se equivoca. Hay un fulgor inédito en esa flor. El fulgor que una vida intensa ceda a...
ROSA MAYO: No diga más mentiras.
EULALIO: Todavía me gusta... usted.

*******************
(Besa Eulalio su pulgar. Oscuridad. Trinos de pájaros. Sugerencia de un parque. Eulalio, enfundado en un abrigo y bufanda enroscada al cuello, arroja granos de arroz a las palomas.)

EULALIO: Arroz. Arroz del bueno. ¡Maldita sea! ¿Dónde habrá que asomar la nariz para obtener un contrato a Rosa Mayo? Palomas. ¡Menudo laberinto! Arroz. Palomitas, ¿dónde revoloteáis hoy? (Pausa.) Y todo, absolutamente todo... porque eres un cero a la izquierda. (Expresión facial de protesta.) Arrojaste tu vocación por la borda. (Gesto de circunstancias.) ¿Acaso ser un cover, un suplente, no es una forma óptima para que un cantante de talento salga a la luz? (Gesto mohíno.) ¡Estúpido! O cantante titular de inmediato o chupatintas entre cuatro paredes. ¿Esa ésa toda tu masa gris? ¿Ser una de las estrellas de Verdi o de nada...? (Gesto de protesta.) Bueno, quién diablos eres? (Expresión analítica.) No es verdad. Soy el espectador número uno de una soprano de leyenda. Y ser el número uno en esta sociedad competitiva, en esta jungla de fieras ya es algo épico, ¿no? (Talante eufórico.) Te engañas. (Contrariada.) No me engaño, no todo ciudadano de la época de la oveja Dolly puede vanagloriarse de ser Número Uno. (Talante feliz.) Tú... ¿número uno? ¡Ja! (Pausa.) Bien, no seré Numero Uno en los escenarios líricos, ni en el mundo de las ideas ni de la ciencia, pero... (sonríe) en espectador de una cantante que hizo época, quiéranlo o no, ¡soy el Número Uno! (Sonrisa de autorrealización.) ¿Acaso insinúas, abrigo de perdedores, que ya no eres otro más sin rumbo ni meta? (Eulalio oscila la testa, afirmando.) ¿Pretendes alardear que diste con tu camino, con tu idea, con tu quehacer fundamental? ¿Vas a tener la desfachatez de blasonar que no eres uno más de los que ignora por qué nació, creció, copuló y se extravió...? (Eulalio sigue afirmando con la cabeza.) Decididamente es imposible toda plática contigo. (Faz inexpresiva.) ¡Y no insistas! A lo sumo eres un pequeño diletante de la protagonista ideal de Bicet, ¡pero sólo eso! (Faz resentida.) Conforme. Has estado siempre en primera fila. No desperdiciaste una sola actuación de ese arco iris de la lírica . Sabes más de ella que ella misma. ¿Y qué? ¿Ella te ama? (Se oye el violín.) ¡Vamos! ¿Te ama? (Talante platónico.) ¿Piensas... que te amará un día? ¿Un día... cuándo? (Encogimiento de hombros.) ¿Pero estás seguro que te llegará a amar? (Arrulla él la idea.) Decididamente es imposible toda comunicación contigo.